Duermevela
Lucía se encuentra tumbada en la cama, con el cuerpo
relajado, las piernas cruzadas y los ojos cerrados. La ventana semiabierta hace
que un ligero aire fresco le salude. Ella se siente bien, cómoda, necesitaba
ese ratito, necesitaba ese momento, su momento, en el que dialogar consigo
misma. Lucía empieza a pensar, por su cabeza pasan recuerdos, historias,
sueños, palabras… Todos ellos mezclados en una difusa mancha que nunca antes
podía haber conseguido aclarar. No había tenido tiempo, no había tenido ganas.
¿Qué es lo primero que piensa? Ella piensa en su familia,
en sus padres; su padre estará ahora mismo trabajando en una oficina del pueblo
donde vive mientras que su madre está echándose la siesta en la habitación de
al lado. Sus padres están separados desde que ella tenía 8 años, y aunque se
hayan vivido situaciones difíciles, ella sabe que como mejor están es de esta
forma. Aunque las disputas por el dinero sean continuas, y aunque cueste el
poder ver solo una vez a su padre a la semana. Ella sabe que están ahí, que sus
padres serán siempre sus padres y que el amor que les tiene será siempre el
máximo de todos. Piensa en sus abuelos, esos niños mayores que nunca van a
dejar de crecer, porque simplemente cada día son mas grandes, si, sus abuelos,
los que se quedaban con ella de chica, los que aguantaban sus berrinches de
niña pequeña, los que le consentían
todos los caprichitos, los que le compraban los mejores cuadernos de dibujo,
los que les daba la mejor merienda del mundo, ellos, simplemente, los mejores.
Lucía se acuerda perfectamente en el comedor de casa de
sus abuelos con 3 años recién cumplidos, llamándo a su abuelo a voces para que
le enseñara a leer. Ella tiene locura con su abuelo, es el máximo ejemplo para
ella, es la persona más maravillosa de este mundo.
Este pensamiento desencadena otro, ella se da cuenta de
lo rápido que ha pasado el tiempo, de lo mucho que ha crecido, ayer era una
enana de 5 años que no hacía otra cosa que esparcir sus juguetes por la
alfombra y sumergirse en un mundo inventado para ellos y hoy, es una
adolescente, y si lo pensamos bien, ha
pasado poco tiempo pero los cambios han sido notables. La vida ya no es tan
fácil, tienes encima de ti advertencias tales como “cuidado con el alcohol” o
“cuidado con las drogas”. Se encuentra en la etapa de su vida en la que, aunque
no lo reconozca, está muy asustada y confundida. Intenta ser positiva pero es
difícil, a veces llega al límite, no puede más.
Ahora ella sabe que es grande, que su cuerpo ha cambiado,
que su mente ha cambiado y que cada día aprende miles de cosas nuevas. Ya no es
una niña, sus miedos ya no son el “coco” o Chuckie, no, sus miedos son el
fracaso, la hipocresía o la soledad.
Ahora es cuando empieza a darle vueltas a la cabeza, a
idear propuestas que podrían cambiar el mundo. Intenta dar su opinión, pero no
le tienen en cuenta, somos grandes, pero no lo suficiente. A pesar de todo,
Lucía quiere comerse el mundo, aunque crea que después es el mundo el que se la
come a ella. Lucía piensa en los males que existen, en los corruptos que ocupan
cargos inmerecidos y en los pobres niños que viven las guerras. Ahora ella se
da cuenta de lo real que es todo esto, ahora ella lo vive, lo siente, pero no
puede hacer nada. Ella es una simple adolescente tumbada en la cama que piensa
en cosas que ella misma no puede
remediar ni entender.
Lucía piensa en sus amigos, en los verdaderos amigos que
están ahí a pesar de situarse lejos de ella. Y como no pensar en Fran, ese
chico que le volvía loca, ese chico que estaba en su clase que con una mirada le hacía perder el
hilo de cualquier cosa, si, ese mismo chico con el que empezó a salir y con el
que vivió cosas inexplicables. El mismo chico que 8 meses después le hundió el
mundo con una corta llamada en la que le contaba que Lucía no era la chica que
el quería y que quería probar nuevas experiencias. Esas que Lucía pudo ver días
despues cuando paseaba a su perro por el parque.
Ella se acuerda de
ese momento, pero ahora sonríe, que ilusa. Lucía piensa que el amor es único, y
viene, y va, y vuelve y sigue ahí. Ella maduró en ello, se enamoró de Fran.
Pudo ser una gran error pero ella no tenía la culpa de lo que sentía. Lucía lo
pasó mal, intento usar la indiferencia como herramienta pero es lógico pasar
por su lado y no poder evitar girar la cara bruscamente y observarle. Fran era
una persona única, una persona que le hacía ver el mundo diferente, a pesar de
todo…
Lucía recuerda lo difícil que fue hacerse la idea de que
él no era para ella. Pero ahora intenta sonreir, ya lo tiene todo controlado,
ya es feliz, y ni mucho menos se ha cerrado al amor, al contrario, sigue
esperando esa persona especial que le enamore, que le haga sentir feliz, llena,
completa, que saque lo mejor de ella, que le ame como nunca.
Lucía enciende el iPod y rápidamente suena Hey Brother de
Avicii, una canción con una letra en inglés fácil de memorizar y que a ella le
resulta relajante aunque tenga un ritmo propio de canciones de discotecas.
Mientras pasan y pasan muchas canciones, Lucía piensa en el futuro, en que será
de ella de aquí a unos años, si estará en la carrera que desea o solo en la que
pueda entrar. Lucía quiere ser médico, quiere ser la “Doctora Macías”, pero sus
notas no cuentan, por el momento, con la posibilidad de acceder a ello. Aun
así, Lucía no pierde la esperanza, si desea algo con muchas ganas va a luchar
por ello, porque si algo la caracteriza, es la constancia.
¿Y formará una familia? La verdad es que por el momento
no piensa tener hijos, Lucía quiere viajar, salir de fiestas, aprovechar su
mayoría de edad, hacer cosas únicas, cosas que los estudios y su minoría de
edad le impiden ahora. Y más que nada, Lucía quiere conocer a alguien, quiere
conocer a su compañero de viajes, a su mitad.
Quizás tiene demasiados pajaritos en la cabeza ahora,
pero es lo que desea, y aunque al final no consiga todo lo que se propone,
estará satisfecha y seguirá soñando por cumplir sus propósitos. ¿Será feliz?
Seguro.
Un continuo bip la aisla por un momento de sus
pensamientos. Su iPod se ha quedado sin batería, se incorpora y lo deja en la
mesita de noche. Se vuelve a tumbar, ahora cierra los ojos, si hay algo que le
encanta, es dormir la siesta. Dormir pensando, dormir soñando. Porque todos
antes de dormir imaginamos momentos excitantes que deseamos que pasen. En el
caso de Lucía, ella se ve en una casa grande, amueblada a su gusto, con la
persona de la cual está perdidamente enamorada, viendo una peli y comiendo
palomitas de colores.
Pensando y pensando Lucía se va quedando dormida y de
pronto, en el más profundo sueño de las 4 y media de la tarde, ella se ve, en
lo alto de un podio, ocupando el primer puesto. En el segundo puesto, ella
puede ver a todos los miembros de su familia, esos que siempre han estado a su
lado, le han apoyado en todo, le han corregido sus actos, le han pagado sus
estudios, le han dado una buena educación, todos aquellos que han luchado por
ella, que han apostado por ella. Ella puede ver a sus verdaderos amigos, a los
que han estado ahí siempre, los que le han ayudado, sus consejeros, sus
compañeros. Sus amigos de toda la vida, y los mas importantes de ella.
En el tercer puesto ella puede ver a todos aquellos que
le han hecho daño, que le han insultado y despreciado, que le han querido
hundir. Esas personas que le han fallado que no han creído en ella, aquellas
que ni se han molestado en conocerla para hablar de ella. Ahí están, en el
tercer puesto, por debajo de ellas.
¿Y esto quiere decir que Lucía es o se cree superior? No
Esto quiere decir que Lucía ha conseguido sus propósitos,
que le ha demostrado a su familia que no se equivocaban con ella, que pueden
confiar en ella, que todo esfuerzo tiene su resultado y si se quiere de verdad,
es lo que siempre hemos deseado. Le
ha demostrado a su
familia y a esas personas, que la quieren de verdad, que pueden estar
orgullosos de ella. Y también ha callado muchas bocas, ha dejado a los que le
provocaban daño a un tercer plano, ha superado todos su problemas, ha
conseguido olvidar a personas e ignorar a otras. Ha conseguido que la vean como
realmente es y no como ellos creían o rumoreaban. Ahí está Lucía, ocupando el
primer puesto de ese podio que es su vida.
…
…
…
-Lucía, Lucía, abre lo ojos. Tienes que sacar al perro,
venga dormilona, levantate. Quien me iba a decir a mi, que tu ibas a dormir
semajantes siestas cuando de pequeña no pegabas ojo.
Le dice la madre de Lucía mientras ésta se estira.
-Ya voy mamá.
Antes de levantarse, Lucía se queda quieta en la cama. No
se acuerda muy bien de lo que ha soñado, siempre le pasa. Pero se siente feliz,
se acuerda de lo que estaba pensando antes de dormirse. Y ahora que está
descansada, con las ideas claras y la mente despejada, se levanta. Ahora Lucía
sacará a pasear a su perro, vendrá y se pondrá a estudiar. Toca volver a la rutina,
toca salir de tus pensamientos, de tus memorias.
Es hora de volver al mundo real.